Autodestrucción Femenina
Autodestrucción
Femenina
“Éramos Felices y no nos dimos cuenta”
El movimiento
feminista Se originó en el siglo XIX en respuesta a las limitaciones impuestas
a las mujeres en la sociedad de la época. Las mujeres se enfrentaban a la
discriminación legal y social, incluida la falta de derechos de propiedad, la
imposibilidad de votar y limitaciones en su educación y empleo. La lucha enfocada
por los derechos de las mujeres en áreas como el voto, la igualdad legal y la
participación en la sociedad dio lugar a
este movimiento, principalmente en los siglos XIX y XX.
Este movimiento
ha tenido varias olas. La primera ola del feminismo se centró en la lucha por
los derechos civiles y políticos de las mujeres, especialmente el derecho al
voto (movimiento sufragista). El logro más significativo de esta ola fue la
obtención del derecho al voto en varios países occidentales, como Estados
Unidos y el Reino Unido, a principios del siglo XX. Hasta ahí estábamos bien.
La segunda ola se
desarrolló en las décadas de 1960 y 1970. Esta ola se centró en cuestiones más
amplias, como la igualdad de género en el trabajo, la lucha contra la
discriminación y la búsqueda de control sobre el propio cuerpo, incluido el
derecho al aborto. Con o sin Simone de Beauvoir y demás “Mujeres Feministas” de esa época, hasta ahí, estábamos bien.
La tercera ola
del feminismo surgió en las décadas de 1980 y 1990 y se caracterizó por un
enfoque en la diversidad y la inclusión. Se centró en cuestiones como la
interseccionalidad, que reconoce las diferencias de género en relación con la
raza, la clase social y la orientación sexual. Esta ola también promovió la
idea de que el feminismo no es un movimiento monolítico y que cada mujer puede
definir su feminismo de manera individual. A partir de aquí; “algo huele mal en Dinamarca”.
No caeré en concordar con Agustín Laje en que,
en la generalidad del nuevo feminismo existe un “hembrismo”, cargado de odio al
hombre y destrucción de la figura paterna, debido a las bondades y atrocidades del
“maldito patriarcado”.
El feminismo ha
logrado avances significativos en términos de igualdad de género, incluida la
legalización del voto de las mujeres, la promulgación de leyes de igualdad y la
concienciación sobre cuestiones de género. Sin embargo, estos movimientos
plantean que aún existen desafíos en la lucha por la igualdad, como la
persistencia de la brecha salarial de género y la violencia de género.
El gran problema
está en el abandono del buen llamado feminismo clásico, aunque este haya abarcado
varias olas de activismo a lo largo de la historia, cada una estaba centrada en
diferentes aspectos de la igualdad de género. A lo largo de estos movimientos,
las mujeres han luchado por el reconocimiento de sus derechos y la eliminación
de la discriminación de género en la sociedad. Sin embargo, esta lucha ha
mutado a otros intereses en los cuales las mujeres, el feminismo, la feminidad
y las dotes de hembras, no figuran hacia una mejoría sino hacia una destrucción
autogestionada.
En la confusión del
nuevo feminismo, las mujeres han sido influenciadas y manipuladas a dejar sus
esencias de hembras femeninas. Mensamente abrieron las puertas a ser las
aliadas incondicionales de los homosexuales, transexuales, pansexuales,
bisexuales y demás X-xuales pertenecientes a la creciente comunidad de los
LGBTQI+.
Hoy vemos que,
los participantes de esta comunidad, lograron que la mujer pierda su arma
natural, distintiva y excepcional y están
usurpando los puestos femeninos en:
Concursos
de belleza
Actividades
deportivas
Centros
de Aseo e higiene
Cárceles
Conquistas
masculinas
Madres
criadoras de futuras generaciones
Mundo
de la moda
Preferencia
como seres humanos más frágiles
U
otros.
Pero, un elemento de mayor preocupación es que, en medios de comunicación, entretenimientos, farándulas, u otros; las mujeres han tomado las armas contra sus semejantes. Las mujeres están encarnizando que, para poder avanzar, deben utilizar la humillación vejación, descalificación, insultos y hasta desconsideraciones a las figuras femeninas. Las mujeres han caído en la trampa de predicar que renunciando a sus roles naturales y biológicas estarían mejor. Eso, en cierto aspecto, parece sencillo. Sin embargo, en todos los medios comunicacionales, observamos que lo único que debe tener una fémina para “avanzar” es: no tener miedo para deshacer el buen nombre, la moral, trayectoria, fama o posicionamiento de sus semejantes.
Al parecer, si
las mujeres no abren los ojos, estará demostrado que el hombre no es el burgués
y las féminas el proletariado; que el patriarcado no es tan malo ni el matriarcado
es lo excelso; que existen agendas ocultas buscando peones femeninos y que el éxito
de las mujeres hembras femeninas estará marcado por la unidad del genero y no
por la autodestrucción. Si siguen como van, se autodestruirán.
S. M.
Shephard
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