El Día En Que El Lobo Sí Vino: Fábula, Fakenews Y La Era De La Incredulidad

Es atribuida a Esopo (Autor Griego), una veja fabula narradora que, en una vieja aldea, un joven pastor solía gritar alarmado: “¡Ahí viene el lobo!”. Los aldeanos, llenos de miedo y compasión, dejaban sus tareas y acudían corriendo en su ayuda. Pero todo era mentira. Una broma, un juego cruel para llamar la atención. El joven reía, satisfecho por haber engañado a todos. Sin embargo, un día el lobo realmente vino, feroz y hambriento. El pastor gritó con todas sus fuerzas, pero esta vez nadie acudió. Cansados de sus mentiras, los aldeanos pensaron que era otra farsa. Y así, el lobo hizo su festín.

Esa fábula ancestral, sencilla y breve, parece escrita para advertirnos del tiempo en que vivimos. Hoy, el “pastor mentiroso” tiene miles de rostros y millones de voces que se multiplican en segundos por las redes sociales. Los “lobos” también son otros: fakenews, montajes, desinformaciones, videos manipulados por inteligencia artificial, rostros falsos que imitan voces reales y escenas que nunca ocurrieron, solucionadores de las finanzas, pero parecen más verídicas que la propia realidad.

Vivimos en la era de la duda, donde la mentira tiene mejor edición que la verdad, y donde los hechos se moldean al gusto del espectador. Las redes sociales se han convertido en la plaza del pueblo global donde todos gritan “¡Ahí viene el lobo!”: un video alarmante, una denuncia sin fuente, una fotografía alterada o una noticia “urgente” sin respaldo. Y la multitud corre, comparte, comenta, y alimenta el fuego del engaño.

Lo más preocupante no es solo el engaño, sino sus consecuencias. La repetición constante de mentiras ha generado una epidemia silenciosa: la incredulidad. Ya no creemos en nada ni en nadie. Dudamos de las noticias verdaderas, de los testimonios reales, de las tragedias auténticas. Hemos perdido la capacidad de distinguir entre lo cierto y lo falso. Gente que cree que, “La Casa de Alofoke” (Que te desconecta de la realidad) es la vida todos. Y ese contexto, y esa desconexión, es el terreno más fértil para que los lobos verdaderos actúen sin resistencia.

Imaginemos (y no tan lejos de la realidad), no, pensemos que, un día veamos en video un asalto, un secuestro o una agresión. Pero como tantas veces hemos visto falsos montajes, bromas, lanzamiento de música o simulacros, pensamos que es otra farsa. No reaccionamos. No ayudamos. No denunciamos. Hasta que comprendemos, demasiado tarde, que esta vez sí era real. El lobo había vuelto. Pero nadie acudió.

La sociedad contemporánea se encuentra frente a un peligro moral y tecnológico sin precedentes: la pérdida de confianza colectiva. Cuando la mentira se normaliza, la verdad pierde valor. Cuando todo puede falsificarse, incluso la voz de nuestros líderes, amigos o el rostro de nuestros seres queridos, el concepto mismo de realidad entra en crisis.

No se trata solo de desinformación: se trata de supervivencia social. Cada vez que compartimos una noticia sin verificarla, cada vez que reaccionamos antes de reflexionar, estamos alimentando al lobo. Y cada vez que nos reímos de una “broma viral” sin pensar en sus efectos, nos parecemos más a los aldeanos que ignoraron el último grito del pastor.

La advertencia está hecha: si no aprendemos a discernir, si no fortalecemos el pensamiento crítico, si no educamos nuestras emociones digitales, llegará el día en que las voces verdaderas clamen auxilio, auxilio… y nadie las escuche.

Porque, como en la fábula, cuando el lobo finalmente venga, ya será demasiado tarde.

si no controlas tu mente, alguien más lo hará

 quien hace lo que debe, no está obligado a más”

 

Hablamos horita

 

S.M. Shephard


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