PLD; Muerte o Transformación (Dos años y cuatro meses de Oportunidad)
A dos años y seis meses
de las próximas elecciones presidenciales en la República Dominicana, el
Partido de la Liberación Dominicana (PLD) se enfrenta a uno de los desafíos más
grandes de su historia: reconstruir su base ideológica, reencontrarse con su
esencia formativa y reconquistar la confianza del pueblo dominicano mediante un
cambio real. Si algo distinguió al PLD
en sus inicios fue su firme apuesta por la educación política, la disciplina
partidaria y la formación ideológica de sus militantes. Hoy, esa memoria se
erige como brújula y como esperanza.
El PLD, fundado por el
profesor Juan Bosch el 15 de diciembre de 1973, nació como un proyecto político
basado en la conciencia, el estudio y la ética. No era un partido de masas en
sus primeros años, sino una escuela política en movimiento. La militancia se
ganaba, no se improvisaba; se formaba al hombre y la mujer que aspiraban a
servir, no a servirse.
En los ochenta y noventa, el PLD desplegó un modelo educativo interno sin precedentes en la historia política dominicana. Su estructura de círculos de estudio, las escuelas de formación política y los programas de adoctrinamiento ideológico formaban cuadros comprometidos con los valores del Boschismo: honestidad, trabajo, servicio público y patriotismo. En verdad, fueron años dorados de la formación política. Muchos de los líderes que luego ocuparon posiciones relevantes en el Estado, provenían de esas aulas de conciencia política, donde se debatía sobre el pensamiento de Bosch, el desarrollo nacional y la ética pública. La juventud veía en el PLD una institución donde aprender, aportar y crecer políticamente.
Sin embargo, con el paso
del tiempo y el acceso prolongado al poder, esa cultura formativa fue cediendo
terreno ante la urgencia electoral, el clientelismo y la lucha interna por
espacios de poder. El partido que alguna vez se propuso formar ciudadanos se
convirtió en una maquinaria electoral eficiente, pero cada vez más desconectada
de su base ideológica, generando el declive de la conciencia formativa. La
consecuencia fue predecible: pérdida de identidad, desconfianza ciudadana y
fuga de jóvenes hacia otros espacios o hacia la apatía política. El PLD, que en
sus orígenes fue sinónimo de disciplina, estudio y ejemplo ético, pasó a ser
visto por amplios sectores como un partido distante de sus raíces fundacionales.
Hoy, a menos de tres años
del próximo proceso electoral, el PLD tiene todavía una
oportunidad real de reconfigurarse. Pero no lo logrará con estrategias de campaña vacías ni con
alianzas circunstanciales. Aún existe
una oportunidad. La clave está en volver a su esencia: la
formación política e ideológica, de lo contrario…
Es urgente reabrir sus escuelas de formación, revitalizar los círculos de estudio, crear programas de educación política digital
y seminarios presenciales donde
la nueva generación de peledeístas, no peledeístas, curiosos de la política,
Perremeístas u otros redescubran el pensamiento Boschista y los valores que
dieron origen al partido.
El país necesita partidos con ideas, no solo con slogans. El PLD aún puede
presentarse como esa alternativa si logra mostrar coherencia entre discurso y
acción.
Si el PLD desea
reposicionarse, los próximos veinte meses
deben ser dedicados a UN PROCESO
INTENSIVO DE TRANSFORMACIÓN INTERNA. Esa transformación debe basarse en
tres pilares esenciales:
Educación política sistemática:
formación continua de dirigentes, militantes y simpatizantes sobre ética,
historia nacional, ideología Boschista, resaltar los logros de los gobiernos
ejecutados, sus errores, políticas públicas y desafíos de nación.
Renovación del liderazgo juvenil: empoderar
a los jóvenes con herramientas de pensamiento crítico, liderazgo social y
compromiso ético. Trabajar concomitantemente, los proyectos de poder con las
escuelas de formación.
Reconstrucción de la credibilidad social:
que el pueblo confirme que el partido está en un proceso sincero de cambio, no
de maquillaje político ni aires de grandeza.
El tiempo es corto, pero
no insuficiente. La historia demuestra que los grandes partidos se reinventan
cuando regresan a sus principios. El PLD tiene la oportunidad de mostrar que su
legado no está agotado, sino dormido; que aún puede ser un actor determinante en
la construcción de una sociedad más justa, transparente y solidaria. “Dos años y
seis meses” no es solo un cálculo electoral. Es el margen que le queda al PLD
para redescubrir y replantear con urgencia su propósito y recuperar la confianza
de su gente. Si logra convertir este tiempo en un laboratorio de formación,
reflexión y autocrítica, tendrá “chance”, chance de renacer, de volver a ser un
referente de progreso nacional.
El país no necesita solo
partidos que busquen el poder, sino partidos que eduquen,
inspiren y transformen. El
PLD, con su historia y su base humana, tiene aún esa posibilidad en las manos.
El país está consciente que no debe darse el lujo de dejar perder este partido,
pero, al parecer, los peledeístas no lo saben.
Pero debe empezar hoy. No mañana.
Pero imagínate amigo
lector. ¿Qué sé Yo de política?
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