Desde la mujer del César a los presidentes dominicanos
Históricamente en el intelecto dominicano ha circulado un famoso refrán que no necesita muchas explicaciones, pues, ha dejado huellas en los intelectuales, religiosos y la plebe. El mal llamado refrán versa; "La mujer del César no sólo debe ser seria; sino que también debe aparentarlo.
Para fines educativos y
mejora de los elementos principales del intelecto de los lectores, abordaremos
algunos elementos que aportaran algunos tips para fortalecer el nivel de
conceptualización de cada uno de los que, en determinadas circunstancias, se
topen con este intento de artículo:
La frase original a
menudo se cita como "La mujer de César no sólo debe ser honrada; además
debe parecerlo" o "La mujer del César ni siquiera debe estar bajo
sospecha".
El contexto de la frase
es adoptado por algunos historiadores, existe uno que resume el contexto de la
manera siguiente:
La frase surgió en el año
62 a.C. tras un escándalo que involucró a la segunda esposa (Pompeya), de Julio
Cesar (gobernante y dictador Romano). Pompeya, durante una ceremonia
religiosa de la Bona Dea (Buena diosa; deidad romana de la fertilidad, curación
y los misterios femeninos), donde solo podían asistir mujeres. El contexto es
que un político llamado Publio Clodio se infiltró en la fiesta vestido de
mujer. Aunque no se demostró que Pompeya fuera infiel con Clodio, el simple
hecho de que el escándalo ocurriera en su casa hizo que César la repudiara
(divorciara). Cuando se le preguntó por qué se divorciaba si no había pruebas
de infidelidad, César respondió que su esposa ni siquiera debía estar bajo
sospecha de conducta inapropiada, dando origen a la frase que hoy subraya la
importancia de la apariencia pública de integridad en los líderes.
Desde entonces, la expresión
se convirtió en un principio universal sobre el poder público: quien ostenta
autoridad no sólo debe actuar correctamente, sino también evitar cualquier
conducta, vínculo o apariencia que comprometa la apariencia pública.
Y es precisamente ahí
donde el debate adquiere relevancia en la República Dominicana.
Esta frase ha sido traída
por los pelos para amarrar una exhortación pública a nuestro excelentísimo
señor presidente de la república dominicana. Porque en política, las imágenes
hablan. Y muchas veces hablan mas fuerte que los discursos.
La percepción dominicana
en cuanto a la seriedad de algunos presidentes está lo suficientemente
cuestionada por publicaciones de fotografías que, como la mujer de César, crean
sospechas. Leonel Fernández y Arturo Del Tiempo, Danilo Medina y César el Abusador,
Hipólito Mejía y los ascensos a El Don de Elias Piña, Luis R. Abinader y Gutiérrez,
u otros. Aunque no constituyan necesariamente delitos, sí generan dudas
razonables ante la opinión pública.
Porque en política, las
imágenes hablan. Y muchas veces hablan más fuerte que los discursos.
La prudencia presidencial
no es opcional; es una obligación moral y política.
¿Qué hace el presidente
dominicano fotografiándose con el Sr. Noboa? ¡ay, la mujer del
César!
A esto se suman
publicaciones e investigaciones internacionales que han vinculado
mediáticamente estructuras empresariales relacionadas con el entorno familiar
de Noboa con cuestionamientos de alto impacto reputacional. Según la
OCCRP (Organized Crime and Corruption), en revelación de documentaciones encriptadas,
manifestó que en Croacia fue recibido el contenedor MEDU9747725, salido de
ecuador en fecha 25/01/2021, en el cual encontraron 430k de un polvo extraño y
confirmaron que para esa misma fecha la entidad Noboa Trading Co despachó un
contenedor con esa misma numeración. Ha
sido confirmado que esa empresa forma parte del grupo de empresa del sr. Noboa.
Pregunto, ante la valoración actual del mandatario dominicano, el trabajo arduo
de su equipo de inteligencia u otros. ¿Qué hace el presidente dominicano fotografiándose ...? Aunque muchas de estas informaciones
permanecen dentro del ámbito investigativo y mediático, el simple contexto
obliga a cualquier jefe de Estado extranjero a actuar con extrema cautela.
Y entonces surge una
pregunta inevitable:
¿Qué necesidad tenía el
presidente dominicano de fotografiarse públicamente con Daniel Noboa en una
visita que ni siquiera revestía carácter oficial de Estado?
Porque el problema no
siempre es la ilegalidad. A veces el problema es la imprudencia.
La investidura
presidencial exige entender que cada fotografía, cada reunión y cada gesto
público envían mensajes políticos. Y cuando un mandatario ha construido una
imagen basada en la transparencia, la institucionalidad y la lucha contra la
corrupción, no puede permitirse escenarios que erosionen esa narrativa.
Ese es precisamente el
corazón de la vieja enseñanza romana.
El poder no solo exige
honestidad; exige distancia de toda sombra que pueda debilitar la credibilidad
pública.
La historia demuestra que
muchos líderes no cayeron únicamente por actos ilícitos comprobados, sino por
ignorar que la confianza ciudadana también se destruye con las apariencias.
Y en política, como hace
más de dos mil años entendió Julio César, hay compañías, fotografías y
silencios que jamás debieron existir.
Pero imagínense, que
puede saber este ignoto, estudiante de derecho y cocolo come coco, acerca de
Imagen política, Marca País, Postura de nación y los archivos estratégicos del
Tío Sam.
Los que saben, que hagan
su trabajo.
S. M. Shephard
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